miércoles, 9 de diciembre de 2015

La educación en la época de Balaguer

 Joaquín Antonio Balaguer nació el 1 de septiembre de 1906 y falleció el 14 de julio del 2002. Fue un abogado, escritor y político dominicano, Presidente de la República Dominicana en los períodos 1966-1970, 1970-1974 y 1974-1978. 

Con la caída de la dictadura de Trujillo, la sociedad dominicana entró en un proceso de cambio en todos los órdenes. En educación, sin embargo no se vieron variaciones apreciables.
La ley orgánica No. 29’09, permaneció vigente desde 1951 hasta 1997, por tanto, fue el instrumento legal de las décadas pos anteriores.
Una característica distintiva de esta nueva etapa que vivía el país era el despertar de la juventud, que se expresaba  en su interés por el estudio, lo que provocó un  aumento casi explosivo de la matrícula.
Según datos estadísticos tenemos lo siguiente:

                  Nivel secundario
Año Escolar
Alumnos
1958-1959
9,899
1961-1962
14,013
1963-1964
18,554
1965-1966
32,302

También se estimuló la participación estudiantil, y los alumnos comenzaron a organizarse. Los de secundaria formaron diversos grupos; la Asociación Nacional de Estudiantes Secundarios (ANES) la Unión Nacional de Estudiantes Revolucionarios (UNER), el Bloque Revolucionario Universitario Cristiano (BRUC). Por su  parte, los docentes se organizaron en la Federación Nacional de Maestros (FENAMA), la cual generó una gran actividad sindical en solicitud  de reivindicaciones laborales.
Dicha actividad se trasfirió en las escuelas públicas, principalmente a las de secundaria, lo que provocó una situación de crisis que afectó seriamente la vida escolar.

La educación Particular en los Niveles Primarios y Secundarios

Una de las características más notables del Sistema era la alta participación del sector privado. De acuerdo con las estadísticas copiladas, en el período de 1965-1975 las matrículas en las escuelas públicas urbanas subió de 185,100 estudiantes a 366,400. En las escuelas particulares como se le llamaba el sector privado, la evolución fue de 40,700 a 110,000; Por tanto el 30%  de la matrícula que se mantuvo en ese lapso de tiempo en las áreas urbanas permanecía en las escuelas particulares.

Factores que afectan el Sistema Educativo
Según el diagnóstico de referencia, se plantean, a continuación, los principales factores que afectaban el Sistema Educativo en el período 1961-1980.
La capacidad administrativa y técnica
Una gran parte del personal de la Secretaría de Estado de Educación eran maestros y profesionales de otras ramas, con poco o ningún adiestramiento en administración, lo que les impedía cumplir con sus funciones de manera eficiente.

 Mantenimiento y Reparación de las Escuelas
La falta de recursos, resultaba muy difícil mantener  un programa estable de mantenimiento y reparación, ya que prácticamente el presupuesto se agotaba con los sueldos y salarios del personal.
Personal y Recursos para Cumplir las Funciones
Hacía falta personal idóneo en las diferentes instancias. Además los materiales eran insuficientes para llevar a cabo el trabajo.
Reforma de la Educación Secundaria.
El plan San José en la Ordenanza No.2´68
El primer intento de reforma educativa, después del régimen de Trujillo el sector, lo constituye el llamado “Plan San José”, contenido en la Ordenanza No.2´68, el cual perseguía unificar la enseñanza técnica, basándose en la correspondencia que debía haber entre la educación y el sector productivo.
Reforma del Nivel Primario
La principal reforma en el nivel primario se recoge en las Ordenanzas No.1`76 y 1´77, las cuales contienen su marco teórico  y contenido curricular. Este proceso de cambios comenzó a gestarse en el período 1970-1974, en el cual se establecían como objetivos de la política educativa aumentar la cobertura de la enseñanza primaria y mejorar la calidad de la educación, sobre todo en el ámbito rural.
En la búsqueda de los objetivos, la UNESCO recomendó al Gobierno, en 1973, la creación de una red de centros integrados de desarrollo educativo (núcleo escolar) en la zona rural, con el fin de responder a las necesidades educativas  de la población adulta y de los niños en edad escolar.
Reforma en el Nivel Preescolar
En el 1978 se crearon en el sector oficial 144 tandas para el nivel preescolar.
También  surgió una especialidad de  Maestros Normal de Educación Preescolar en tres de las escuelas normales, con un año de práctica docente.


En junio de 1979 se puso en marcha un plan multisectorial, donde se pusieron a funcionar 700 centros de educación que atendían a 21,000 niños de 3 a 6 años de edad en la región suroeste del país. Su propósito era atender a las necesidades de desarrollo integral de grandes núcleos de población.

Fuente: Enciclopedia Historia Dominicana Tomo 9

lunes, 7 de diciembre de 2015

¿Cómo estaba organizada la instrucción pública en tiempos de Trujillo y cuáles eran sus propósitos, sus fortalezas, sus debilidades

¿Era la mayoría que resultaba beneficiada, o, por el contrario, sólo una minoría privilegiada resultaba favorecido por un sistema de instrucción pública pretendidamente situado a la altura de los métodos de educación de los países más adelantados de la América española?
Dentro de las fortalezas del sistema de instrucción pública en tiempos de Trujillo cabe mencionarse el orden y la disciplina que primaba en todas las escuelas públicas; el sentido de responsabilidad de los maestros y, en correspondencia con ese atributo, el respeto que los alumnos les guardaban.
En tiempos de la dictadura, las clases se abrían el 15 de septiembre para los alumnos de escuelas primarias e intermedias; y el 2 de octubre para las escuelas secundarias y vocacionales. Para todos, las vacaciones navideñas se iniciaban los 23 de diciembre (Día del Niño) y finalizaban 6 de enero (día de los Santos Reyes) Las vacaciones de verano se iniciaban para todos el 30 de junio (Día del Maestro)
Sólo una vez en treinta años de dictadura la apertura del año escolar se pospuso. Ello ocurrió en 1946 debido a una epidemia de piojos. En ese año, las clases se iniciaron a mediados de octubre en vez de septiembre.
En tiempos de Trujillo, la bandera dominicana era izada en todas las escuelas del país a las ocho horas de la mañana. A esa hora, los estudiantes en correcta formación entonaban las notas gloriosas de nuestro Himno Nacional.
Los horarios de clase se agotaban tal y como previamente estaban programados ¿ Huelga de maestros en tiempos de Trujillo? Jamás
Las labores de asesoría general; inspección técnica; atención especial a las escuelas rurales; organización del ropero y desayuno escolar; y asistencia médica escolar y otras labores se llevaban a cabo con esmero y prontitud.
Las escuelas públicas en tiempos de Trujillo eran supervisadas periódicamente de manera tal que un director de distrito estaba enterado día a día de lo que se hacía o dejaba de hacerse en cada una de las escuelas de su demarcación.
En un grado mayor que el de hoy, la escuela dominicana en tiempos de Trujillo era mayoritariamente pública. Eran pocos los colegios privados que entonces existían. En la ciudad capital funcionaban, entre otros, los colegios Dominicano de la Salle, Luis Muñoz Rivera; Santo Tomás; Colegio Santa Teresita; Colegio La Milagrosa; y el Colegio Don Bosco; en Santiago de los Caballeros, la Academia de Santiago; Nuestra Señora del Carmen; Instituto Evangélico; Academia Santa Ana y el Colegio del Corazón de Jesús; en San Pedro de Macorís, el Colegio Trinidad Sánchez y la Academia Antillana Hostos.
Todos esos planteles escolares de carácter privado tenían de común que su matrícula no era grande: 200, 300 ó 400 alumnos a lo sumo en cada uno de ellos; y que la calidad de la enseñanza que se ofrecían en esos colegios no era superior a la de las escuelas públicas.
Al inicio de la llamada Era de Trujillo, hablamos de agosto de 1930, el país apenas disponía de 526 escuelas: 400 de ellas eran escuelas primarias rurales; 68 escuelas primarias graduadas; 52 escuelas secundarias, comerciales o de oficios; 6 escuelas especiales para adultos analfabetos; y una universidad, la Universidad de Santo Domingo.
La población escolar del país ascendía entonces a 50 mil 739 alumnos distribuidos así: 20 mil en escuelas primarias rudimentarias; 15 mil, 754 en escuelas primarias graduadas; mil 358 en escuelas secundarias y normalistas; 1310 en las escuelas especiales de adultos analfabetos; y 379 en la Universidad de Santo Domingo.
Echémosle una mirada a esas cifras, tomando en cuenta que la República Dominicana tenía entonces alrededor 1 millón 250 mil habitantes.
Cuando Trujillo llegó al poder en 1930, apenas un 4% de los dominicanos asistía a la escuela, es decir, la cobertura era bajísima. El analfabetismo en la población de adultos llegaba al 90% y apenas existían en todo el país seis escuelas para adultos iletrados. 400 escuelas rurales no eran suficientes para atender a los niños de los campos que en número eran mucho más que los que vivían en las ciudades. El país tenía más generales que maestros. ¿Y qué decir de la vieja Universidad de Santo Domingo con apenas 358 estudiantes? Que era un reducto de privilegiados; que era una institución que preservaba los rasgos y los atributos de la Universidad Colonial; y que en poco o en nada contribuía al desarrollo de la nación dominicana.
A la llegada de Trujillo al poder, el sistema de instrucción pública de la República Dominicana se encontraba bastante degradado; y a la luz de los datos ofrecidos, podríamos afirmar, exagerando un poco la nota, que aquí no había escuelas.
En febrero de 1931, Trujillo nombró a Max Henríquez Ureña como Superintendente General de Instrucción Pública.
En febrero de 1931, Max Henríquez Ureña formuló un diagnóstico del estado en que se encontraba la instrucción pública del país que sirvió de base a las transformaciones que vinieron después. En ese importante documento titulado “Bases para la Reorganización de Nuestro Sistema Educativo” se enfocaba los problemas más acuciantes que aquejaban la escuela dominicana de esa época: planteles deteriorados; maestros sin títulos; falta de materiales didácticos; falta de supervisión; planes de enseñanza ya obsoletos; desorganización general y otros males por el estilo.
Como fiel seguidor de las ideas hostosianas, Maz Henríquez Ureña desde su llegada al cargo comenzó a observar con cierta preocupación el estado de desorganización imperante en las pocas escuelas de formación docente que entonces existían.
Max Henríquez Ureña duró apenas unos meses en el cargo; fue sustituido por Osvaldo Báez Soler, quien a su vez fue sustituido por Pedro Henríquez Ureña.
Pedro Henríquez Ureña disponía de un reputado bagaje intelectual. Su obre literaria era conocida en toda América. Al parecer, la escuela dominicana quedaba en muy buenas manos. Pero, el ambiente de la dictadura no era su ambiente; tuvo que irse dejando inconclusa su obra de reforma de la instrucción pública al año de haber llegado después de permanecer casi dos décadas fuera del país.




El 16 de agosto de 1930, el general Rafael Leonidas Trujillo Molina se juramentó ante la Asamblea Nacional como Presidente Constitucional de la República, dando inicio a la dictadura más absolutista y prolongada de nuestra historia republicana.
Durante más de treinta años, los dominicanos vivieron sometidos a la voluntad omnímoda del “perínclito soldado de San Cristóbal”.
En los primeros años de la dictadura, no fueron pocos los que vieron en el general Rafael Trujillo Molina la encarnación de un “hombre nuevo” y muchos calificaron el acontecimiento que provocó su ascenso al poder como “la más bella revolución de América”.
El poder omnímodo de Trujillo estuvo fundamentado en la organización castrense que heredó de la Intervención Militar Norteamericana de 1916. A lo largo de la llamada “Era de Trujillo” las partidas presupuestarias destinadas a sostener las fuerzas armadas equivalieron siempre a más del 50 por ciento del Presupuesto Nacional.
A pesar de que la vislumbró como una herramienta secundaria de su poder omnímodo, el dictador no descuidó la educación de sus conciudadanos.
Una de las primeras disposiciones de Trujillo a su llegada al poder en 1930 fue ordenar la preparación de un plan de reformas de la educación en procura de que la escuela dominicana evolucionara hacia modalidades más amplias y sistemas más acordes con el espíritu científico y la tendencia experimental de las prácticas pedagógicas modernas.
Después del fracaso de Pedro Henríquez Ureña al frente de la Superintendencia General de Instrucción Pública, Trujillo continuó incorporando a esa dependencia gubernamental educadores extranjeros, acreditados por su larga experiencia y conocimientos en la materia, tales como Fernando Sainz, Carlos Larrazábal Blanco, Guilma de Castro, Antonio Martínez Surroca, José de Alameida y otros.
Si observamos el proceso seguido por la instrucción pública durante los primeros diez años de la dictadura, podríamos advertir las transformaciones que fueron sucediéndose. A la enseñanza teórica y memorista le siguió una de carácter empírico más cercanas a los postulados hostosianos que a la enseñanza confesional que heredamos de los conquistadores.
Desde 1935 hasta el final de la dictadura trujillista, la secretaría de Educación publicaba, bajo la dirección del profesor Aquiles Nimer, teniendo como jefe de redacción al poeta Juan Bautista Lamarche, la revista Educación de alto contenido científico pedagógico.
Esa reforma de la escuela dominicana de profunda trascendencia para la sociedad pudo llevarse a cabo gracias al trabajo tesonero de educadores de la talla de Ramón Emilio Jiménez, Víctor Garrido, Virgilio Díaz Ordóñez, Juan Bautista Lamarche, Aliro Paulino y otros; también, a la ayuda prestado por educadores y técnicos venidos del extranjero, aunque en los anales trujillistas figure que todo se debió “al genio, renovador y dinámico, del insigne estadista, a quien, en acto justiciero de reconocimiento, se le ha designado con el título de Primer Maestro de la República, el Generalísimo Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, auténtico, creador de la Nueva Escuela Dominicana”.
Nuestros juicios en torno a la educación en los tiempos de la dictadura trujillista estarán basados en mis propias experiencias (nacimos y nos educamos durante la llamada Era de Trujillo), en libros y en documentos publicados aquí durante los años de la dictadura.
Haremos esfuerzos para evitar que la pasión política se interponga en nuestros juicios; también, nos disponemos a separar “la paja del trigo” es decir, a guardar distancia entre los progresos reales de la educación en tiempos de Trujillo y la propaganda política interesada a favor o en contra de la dictadura.
¿Cómo estaba organizada la instrucción pública en tiempos de Trujillo y cuáles eran sus propósitos, sus fortalezas, sus debilidades?
¿Era la mayoría que resultaba beneficiada, o, por el contrario, sólo una minoría privilegiada resultaba favorecido por un sistema de instrucción pública pretendidamente situado a la altura de los métodos de educación de los países más adelantados de la América española?
Dentro de las fortalezas del sistema de instrucción pública en tiempos de Trujillo cabe mencionarse el orden y la disciplina que primaba en todas las escuelas públicas; el sentido de responsabilidad de los maestros y, en correspondencia con ese atributo, el respeto que los alumnos les guardaban.
En tiempos de la dictadura, las clases se abrían el 15 de septiembre para los alumnos de escuelas primarias e intermedias; y el 2 de octubre para las escuelas secundarias y vocacionales. Para todos, las vacaciones navideñas se iniciaban los 23 de diciembre (Día del Niño) y finalizaban 6 de enero (día de los Santos Reyes) Las vacaciones de verano se iniciaban para todos el 30 de junio (Día del Maestro)
Sólo una vez en treinta años de dictadura la apertura del año escolar se pospuso. Ello ocurrió en 1946 debido a una epidemia de piojos. En ese año, las clases se iniciaron a mediados de octubre en vez de septiembre.
En tiempos de Trujillo, la bandera dominicana era izada en todas las escuelas del país a las ocho horas de la mañana. A esa hora, los estudiantes en correcta formación entonaban las notas gloriosas de nuestro Himno Nacional.
Los horarios de clase se agotaban tal y como previamente estaban programados ¿ Huelga de maestros en tiempos de Trujillo? Jamás
Las labores de asesoría general; inspección técnica; atención especial a las escuelas rurales; organización del ropero y desayuno escolar; y asistencia médica escolar y otras labores se llevaban a cabo con esmero y prontitud.
Las escuelas públicas en tiempos de Trujillo eran supervisadas periódicamente de manera tal que un director de distrito estaba enterado día a día de lo que se hacía o dejaba de hacerse en cada una de las escuelas de su demarcación.
En un grado mayor que el de hoy, la escuela dominicana en tiempos de Trujillo era mayoritariamente pública. Eran pocos los colegios privados que entonces existían. En la ciudad capital funcionaban, entre otros, los colegios Dominicano de la Salle, Luis Muñoz Rivera; Santo Tomás; Colegio Santa Teresita; Colegio La Milagrosa; y el Colegio Don Bosco; en Santiago de los Caballeros, la Academia de Santiago; Nuestra Señora del Carmen; Instituto Evangélico; Academia Santa Ana y el Colegio del Corazón de Jesús; en San Pedro de Macorís, el Colegio Trinidad Sánchez y la Academia Antillana Hostos.
Todos esos planteles escolares de carácter privado tenían de común que su matrícula no era grande: 200, 300 ó 400 alumnos a lo sumo en cada uno de ellos; y que la calidad de la enseñanza que se ofrecían en esos colegios no era superior a la de las escuelas públicas.
Al inicio de la llamada Era de Trujillo, hablamos de agosto de 1930, el país apenas disponía de 526 escuelas: 400 de ellas eran escuelas primarias rurales; 68 escuelas primarias graduadas; 52 escuelas secundarias, comerciales o de oficios; 6 escuelas especiales para adultos analfabetos; y una universidad, la Universidad de Santo Domingo.
La población escolar del país ascendía entonces a 50 mil 739 alumnos distribuidos así: 20 mil en escuelas primarias rudimentarias; 15 mil, 754 en escuelas primarias graduadas; mil 358 en escuelas secundarias y normalistas; 1310 en las escuelas especiales de adultos analfabetos; y 379 en la Universidad de Santo Domingo.
Echémosle una mirada a esas cifras, tomando en cuenta que la República Dominicana tenía entonces alrededor 1 millón 250 mil habitantes.
Cuando Trujillo llegó al poder en 1930, apenas un 4% de los dominicanos asistía a la escuela, es decir, la cobertura era bajísima. El analfabetismo en la población de adultos llegaba al 90% y apenas existían en todo el país seis escuelas para adultos iletrados. 400 escuelas rurales no eran suficientes para atender a los niños de los campos que en número eran mucho más que los que vivían en las ciudades. El país tenía más generales que maestros. ¿Y qué decir de la vieja Universidad de Santo Domingo con apenas 358 estudiantes? Que era un reducto de privilegiados; que era una institución que preservaba los rasgos y los atributos de la Universidad Colonial; y que en poco o en nada contribuía al desarrollo de la nación dominicana.
A la llegada de Trujillo al poder, el sistema de instrucción pública de la República Dominicana se encontraba bastante degradado; y a la luz de los datos ofrecidos, podríamos afirmar, exagerando un poco la nota, que aquí no había escuelas.
En febrero de 1931, Trujillo nombró a Max Henríquez Ureña como Superintendente General de Instrucción Pública.
En febrero de 1931, Max Henríquez Ureña formuló un diagnóstico del estado en que se encontraba la instrucción pública del país que sirvió de base a las transformaciones que vinieron después. En ese importante documento titulado “Bases para la Reorganización de Nuestro Sistema Educativo” se enfocaba los problemas más acuciantes que aquejaban la escuela dominicana de esa época: planteles deteriorados; maestros sin títulos; falta de materiales didácticos; falta de supervisión; planes de enseñanza ya obsoletos; desorganización general y otros males por el estilo.
Como fiel seguidor de las ideas hostosianas, Maz Henríquez Ureña desde su llegada al cargo comenzó a observar con cierta preocupación el estado de desorganización imperante en las pocas escuelas de formación docente que entonces existían.
Max Henríquez Ureña duró apenas unos meses en el cargo; fue sustituido por Osvaldo Báez Soler, quien a su vez fue sustituido por Pedro Henríquez Ureña.
Pedro Henríquez Ureña disponía de un reputado bagaje intelectual. Su obre literaria era conocida en toda América. Al parecer, la escuela dominicana quedaba en muy buenas manos. Pero, el ambiente de la dictadura no era su ambiente; tuvo que irse dejando inconclusa su obra de reforma de la instrucción pública al año de haber llegado después de permanecer casi dos décadas fuera del país.

Personaje Destacado en sector educativo durante el gobierno de Rafael Leonidas Trujillo


Durante la administración de don Ramón Emilio Jiménez la instrucción pública retomó el sentido de lo nacional que había perdido por efecto de la Intervención Militar de 1916. También, se “trujillizó” en grado extremo.
El centésimo vigésimo segundo aniversario del nacimiento de Juan Pablo Duarte fue celebrado el 26 de enero de 1935 con un gran acto realizado en el Parque Independencia de la ciudad de Santo Domingo. En ese acto patriótico, don Ramón Emilio Jiménez pronunció un emotivo discurso alusivo a la figura del Padre de la Patria. Asistieron al mismo los alumnos de las escuelas públicas y de los contados colegios que existían entonces, acompañados por sus profesores.
Pero, durante la gestión de Ramón Emilio Jiménez los intereses políticos de la dictadura irrumpieron en las aulas, convirtiéndose las escuelas en herramientas de adoctrinamiento trujillista.
La llamada “campaña del chele” lo empañó todo.
¿En qué consistió la puñetera campaña del chele?
En 1935, para la conmemoración del día de la escuela se llevó a cabo en todas los planteles públicos del país la llamada “campaña del chele” durante la cual todos los estudiantes del país tuvieron que aportar (voluntariamente por supuesto) un centavo con la finalidad de recabar fondos para obsequiarle, nada más y nada menos, que al hijo del dictador Ramfis Trujillo, que contaba entonces con apenas 5 años de edad, una medalla por sus supuestos méritos.
En el año de 1935, los locales de las escuelas primarias del país fueron utilizados en horarios nocturnos para la educación de adultos analfabetos.
Al final del primer quinquenio de la dictadura trujillista, el país disponía de 941 escuelas primarias graduadas y elementales (473 más que en 1930); 49 escuelas secundarias y de arte y oficio (2 menos que en 1930); la población escolar se elevó de 50 mil 739 estudiantes en 1930 a 113 mil, 317 estudiantes en 1935; de éstos últimos, 104 mil, 79 cursaban estudios en escuelas públicas, y sólo 9 mil 238 en colegios privados.
De acuerdo con los datos del censo de 1935, la República Dominicana tenía entonces, 1 millón, 479 mil, 417 habitantes y apenas unos 300 mil personas adultas alfabetizadas.
Por medio de circulares se exhortaba a inspectores de escuelas a, sin perjuicio de sus labores, difundir “la sabía política que para bienestar de los dominicanos llevaba a cabo el generalísimo Trujillo, primer maestro dominicano”. Fue durante la administración del vate Ramón Emilio Jiménez que mediante la Circular no. 13 se les ordenó a los directores de escuelas a que organizaran actos en los que se hablara de las razones supuestamente válidas para hacer el cambio de nombre de la ciudad capital de Santo Domingo a Ciudad Trujillo.
El 1 de abril de 1936, Trujillo nombró al licenciado Víctor Garrido como Secretario de Educación y Bellas Artes en sustitución de don Ramón Emilio Jiménez.
Tan pronto tomó posesión de su cargo, Víctor Garrido se propuso revisar los planes de estudios vigentes y a reunificarlo en un solo cuerpo ya que según él “eran tantos los planes de estudios puestos en vigor que resultaba tarea difícil, para los maestros, el desglosamiento de las materias en los respectivos cursos”.
El 8 de agosto de 1936 se aprobó un reglamento dirigido a organizar las oficinas de la Secretaría de Educación. Mediante el mismo esa Cartera quedó dividida en dos departamentos: Departamento de Educación y Departamento de Bellas Artes. El primero, a su vez quedó dividido en Servicios Administrativos y Servicios Docentes, cada uno de ellos con sus respectivas secciones.
Durante la gestión de Víctor Garrido al frente de la Cartera de Educación se crearon controles muy efectivos concernientes al uso de material gastable y al trabajo efectivo de los servidores de esa dependencia estatal.
Por medio de la Ordenanza no. 488 del año 1936 se estableció un programa definitivo para la Enseñanza Primaria Elemental dirigido a niños que hubieran cumplidos los seis años de edad; y por la Ordenanza 490 del mismo año, se dividió la Enseñanza Primaria Superior en dos años de estudios de carácter general.
Por sugerencia de don Federico Henríquez y Carvajal, el 17 de abril de 1937 se celebró un gran desfile escolar en conmemoración de los 50 aniversarios de la graduación en el Instituto Salomé Ureña de las seis primeras maestras normales. De las maestras homenajeadas participaron Mercedes Laura Aguiar; Ana Josefa Puello; y Altagracia Henríquez. Luisa Ozema Pellerano ya había muerto y Leonor Feltz no pudo asistir por quebrantos de salud. Como nota curiosa, en ese acto de recordación hostosiana estuvo presente, el Arzobispo de Santo Domingo Monseñor Nouel.
Mediante la Ordenanza Número 5, del año 1937 se reglamentó todo lo concerniente al otorgamiento y disfrute de becas. Y por medio de la Número 508 del mismo año se fijó el programa de estudios de la Enseñanza Secundaria. Ese programa contemplaba una sección de estudios secundarios comunes de tres años lectivos de duración y de 4 secciones especiales de un año cada una: Ciencias Físicas y Matemáticas; Ciencias Físicas y Naturales; Ciencias Pedagógicas y Filosofía y Letras.
Al principios del año 1937, por medio de la Ordenanza No. 514, se aprobó el Plan de Estudios de la enseñanza de Adultos en las escuelas nocturnas.
El 27 de enero del 1937 llegó al país la Misión Chilena integrada por los educadores Luis Galdames, César Bunster y Oscar Bustos. Es grupo de calificados pedagogos chilenos arribó al país no por gestiones que en ese sentido había realizado el secretario de Estado de Educación y Bellas Artes Víctor Garrido sino, como se decía entonces, “por las sabias iniciativas del generalísimo Trujillo”.

Canciones Escolares que se cantaban en las escuelas durante este periodo


El 31 de diciembre de 1934 quedó suprimida la Superintendencia General de Instrucción Pública y es creada la Secretaría de Estado de Educación Pública y Bellas Artes, siendo el poeta y folklorista Ramón Emilio Jiménez su primer titular.
Ramón Emilio Jiménez escribió “los cantos escolares más bellos y las poesías más inspiradas del parnaso dominicano” ¿ Quién no recuerda algunas estrofas de su canción dedicada a Francisco del Rosario Sánchez que a diario se cantaba en las escuelas públicas al inicio de las labores?
Sánchez glorioso varón ilustre
que no supiste jamás hollar
los sacros fueron del patriotismo
que levantaron el patrio lar
Tú que juraste morir de hambre
antes que siervo comer un pan
y lo cumpliste cuando tu cuerpo
De muerte herido cayó en San Juan.
O esta otra del mismo autor dedicada a Ramón Matías Mella:
No fue nunca la divisa
del instinto de matar
ni fue el rígido instrumento
de la fuerz..
a militar
provocando las groseras
ambiciones del poder
fue tu espada la divisa
del honor y del deber
Fiel discípulo de Duarte,
comprendiste el ideal,
y sirviendo los destinos
de la causa nacional
disparaste tu trabuco,
que rugió como un león
Despertando las conciencias
y clamando redención.
Y ¿qué decir de su himno a la bandera?
Ya empezó su trabajo la Escuela
y es preciso elevarte a lo azul
relicario de viejos amores
mientras reine la mágica luz.


Estadísticas sobre el sector educativo cuando Trujillo llego al poder



Al arribo de Trujillo al poder en 1930, el país apenas disponía 526 escuelas: 400 de ellas eran escuelas primarias rudimentarias de tres cursos de nivel primario, orientadas a la formación de los niños y jóvenes campesinos; 68 escuelas primarias graduadas; 52 escuelas secundarias, comerciales o de oficios; 6 escuelas especiales para adultos analfabetos; y una universidad, la Universidad de Santo Domingo. La población escolar del país ascendía entonces a 50 mil 739 alumnos distribuidos así: 20 mil en escuelas primarias rudimentarias; 29 mil, 938 en escuelas primarias graduadas; mil 358 en escuelas secundarias y normalistas; 1310 en las escuelas especiales de adultos analfabetos; y 379 en la Universidad de Santo Domingo.
Para entonces, la población de la República Dominicana era estimada en 1 millón, 250 habitantes. Apenas un 4% de los dominicanos de edades comprendidas entre los 7 y 14 años asistía a la escuela y alrededor del 90% de más de 18 años de edad no sabía ni leer ni escribir.
La Universidad de Santo Domingo, a pesar de que preservaba las rancias tradiciones de las universidades dominicas, no era más que un reducto de varios centenares de jóvenes privilegiados que en poco o en nada contribuía al desarrollo del país.
En 1930, la instrucción pública de la República Dominicana se encontraba bastante degradada; la oferta de educación muy limitada; y muy escasas las oportunidades de educarse.
En los primeros dos años de la dictadura, la educación dominicana siguió los mismos lineamientos que le habían trazado los interventores. Las leyes que entonces regían en la materia eran las mismas que habían sido formuladas por Julio Ortega Frier en tiempos de la Intervención.
Fue a partir de 1932 cuando el gobierno de Trujillo comienza a legislar sobre la materia y a enrumbar por senderos distintos la educación de los dominicanos.
En febrero de 1931, Trujillo nombró a Max Henríquez Ureña como Superintendente General de Instrucción Pública.
En febrero de 1931, Max Henríquez Ureña le presentó al presidente Trujillo un informe sobre el estado en que se encontraba la instrucción pública del país en el que se basó la reforma de la educación que se ejecutó inmediatamente después. En ese importante documento titulado ¨ Bases para la Reorganización de Nuestro Sistema Educativo ¨ se enfocaban los problemas más acuciantes que aquejaban la escuela dominicana de esa época: planteles deteriorados; maestros sin títulos; falta de materiales didácticos; falta de supervisión; planes de enseñanza ya obsoletos; desorganización general y otros males por el estilo. Pero, Max Henríquez Ureña duró apenas unos meses en el cargo; fue sustituido por Osvaldo Báez Soler, quien a su vez fue sustituido por Pedro Henríquez Ureña.
Pedro Henríquez Ureña disponía de un reputado bagaje intelectual. Su obre literaria era conocida en toda América. Al parecer, la escuela dominicana quedaba en muy buenas manos. Al igual que su hermano Max, en los primeros meses de su gestión se dedicó a percatarse del estado en que se encontraba la instrucción pública del país y a pensar en las soluciones a los problemas que la afectaban. Pedro Henríquez Ureña en persona dictó cursos de capacitación para maestros en servicio; ordenó que los días sábados fueran incluidos como días laborables; revisó los planes de estudios de las escuelas normales; dispuso la creación de escuelas de artes y oficios; y a instancia suya se reabrió la Facultad Libre de Filosofía de la Universidad de Santo Domingo. Pero, el reconocido hombre de letras no pudo echar a andar sus planes de reformas de la escuela dominicana. En junio de 1933, desalentado y envuelto en el silencio Pedro Henríquez Ureña se marchó del país para no regresar jamás. ¿Qué le ocurrió? ¿Era que sus ideas no comulgaban con las del dictador? En realidad no hay un solo hecho concreto que mueva a pensar que Pedro Henríquez Ureña se marchara del país por desavenencias políticas con Trujillo; tampoco se conoce una sola actividad en el exterior del destacado intelectual en apoyo a la causa antitrujillista. Por lo que creemos que Pedro Henríquez Ureña se marchó del país al convencerse de que los medios materiales y los recursos humanos de que disponía no eran suficientes para realizar los planes de reformas de la educación que él mismo formulara.
Después de la salida del país de Pedro Henríquez Ureña, los planes de reforma de la instrucción pública continuaron.