Durante la administración de don Ramón Emilio Jiménez la instrucción pública retomó el sentido de lo nacional que había perdido por efecto de la Intervención Militar de 1916. También, se “trujillizó” en grado extremo.
El centésimo vigésimo segundo aniversario del nacimiento de Juan Pablo Duarte fue celebrado el 26 de enero de 1935 con un gran acto realizado en el Parque Independencia de la ciudad de Santo Domingo. En ese acto patriótico, don Ramón Emilio Jiménez pronunció un emotivo discurso alusivo a la figura del Padre de la Patria. Asistieron al mismo los alumnos de las escuelas públicas y de los contados colegios que existían entonces, acompañados por sus profesores.
Pero, durante la gestión de Ramón Emilio Jiménez los intereses políticos de la dictadura irrumpieron en las aulas, convirtiéndose las escuelas en herramientas de adoctrinamiento trujillista.
La llamada “campaña del chele” lo empañó todo.
¿En qué consistió la puñetera campaña del chele?
En 1935, para la conmemoración del día de la escuela se llevó a cabo en todas los planteles públicos del país la llamada “campaña del chele” durante la cual todos los estudiantes del país tuvieron que aportar (voluntariamente por supuesto) un centavo con la finalidad de recabar fondos para obsequiarle, nada más y nada menos, que al hijo del dictador Ramfis Trujillo, que contaba entonces con apenas 5 años de edad, una medalla por sus supuestos méritos.
En el año de 1935, los locales de las escuelas primarias del país fueron utilizados en horarios nocturnos para la educación de adultos analfabetos.
Al final del primer quinquenio de la dictadura trujillista, el país disponía de 941 escuelas primarias graduadas y elementales (473 más que en 1930); 49 escuelas secundarias y de arte y oficio (2 menos que en 1930); la población escolar se elevó de 50 mil 739 estudiantes en 1930 a 113 mil, 317 estudiantes en 1935; de éstos últimos, 104 mil, 79 cursaban estudios en escuelas públicas, y sólo 9 mil 238 en colegios privados.
De acuerdo con los datos del censo de 1935, la República Dominicana tenía entonces, 1 millón, 479 mil, 417 habitantes y apenas unos 300 mil personas adultas alfabetizadas.
Por medio de circulares se exhortaba a inspectores de escuelas a, sin perjuicio de sus labores, difundir “la sabía política que para bienestar de los dominicanos llevaba a cabo el generalísimo Trujillo, primer maestro dominicano”. Fue durante la administración del vate Ramón Emilio Jiménez que mediante la Circular no. 13 se les ordenó a los directores de escuelas a que organizaran actos en los que se hablara de las razones supuestamente válidas para hacer el cambio de nombre de la ciudad capital de Santo Domingo a Ciudad Trujillo.
El 1 de abril de 1936, Trujillo nombró al licenciado Víctor Garrido como Secretario de Educación y Bellas Artes en sustitución de don Ramón Emilio Jiménez.
Tan pronto tomó posesión de su cargo, Víctor Garrido se propuso revisar los planes de estudios vigentes y a reunificarlo en un solo cuerpo ya que según él “eran tantos los planes de estudios puestos en vigor que resultaba tarea difícil, para los maestros, el desglosamiento de las materias en los respectivos cursos”.
El 8 de agosto de 1936 se aprobó un reglamento dirigido a organizar las oficinas de la Secretaría de Educación. Mediante el mismo esa Cartera quedó dividida en dos departamentos: Departamento de Educación y Departamento de Bellas Artes. El primero, a su vez quedó dividido en Servicios Administrativos y Servicios Docentes, cada uno de ellos con sus respectivas secciones.
Durante la gestión de Víctor Garrido al frente de la Cartera de Educación se crearon controles muy efectivos concernientes al uso de material gastable y al trabajo efectivo de los servidores de esa dependencia estatal.
Por medio de la Ordenanza no. 488 del año 1936 se estableció un programa definitivo para la Enseñanza Primaria Elemental dirigido a niños que hubieran cumplidos los seis años de edad; y por la Ordenanza 490 del mismo año, se dividió la Enseñanza Primaria Superior en dos años de estudios de carácter general.
Por sugerencia de don Federico Henríquez y Carvajal, el 17 de abril de 1937 se celebró un gran desfile escolar en conmemoración de los 50 aniversarios de la graduación en el Instituto Salomé Ureña de las seis primeras maestras normales. De las maestras homenajeadas participaron Mercedes Laura Aguiar; Ana Josefa Puello; y Altagracia Henríquez. Luisa Ozema Pellerano ya había muerto y Leonor Feltz no pudo asistir por quebrantos de salud. Como nota curiosa, en ese acto de recordación hostosiana estuvo presente, el Arzobispo de Santo Domingo Monseñor Nouel.
Mediante la Ordenanza Número 5, del año 1937 se reglamentó todo lo concerniente al otorgamiento y disfrute de becas. Y por medio de la Número 508 del mismo año se fijó el programa de estudios de la Enseñanza Secundaria. Ese programa contemplaba una sección de estudios secundarios comunes de tres años lectivos de duración y de 4 secciones especiales de un año cada una: Ciencias Físicas y Matemáticas; Ciencias Físicas y Naturales; Ciencias Pedagógicas y Filosofía y Letras.
Al principios del año 1937, por medio de la Ordenanza No. 514, se aprobó el Plan de Estudios de la enseñanza de Adultos en las escuelas nocturnas.
El 27 de enero del 1937 llegó al país la Misión Chilena integrada por los educadores Luis Galdames, César Bunster y Oscar Bustos. Es grupo de calificados pedagogos chilenos arribó al país no por gestiones que en ese sentido había realizado el secretario de Estado de Educación y Bellas Artes Víctor Garrido sino, como se decía entonces, “por las sabias iniciativas del generalísimo Trujillo”.
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